La Cultura del Dar

Quienes adhieren a la Economía de Comunión se inspiran en principios fundados en una cultura distinta de la imperante hoy, en la práctica y en la teoría económica. A esta cultura podemos definirla como “Cultura del dar”, justamente en antítesis con la “cultura del tener”.

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Una cultura del dar que no debe considerarse como una forma de filantropía o de mero asistencialismo. La esencia misma de la persona es ser “comunión”, pero no cualquier acto de dar crea la cultura del dar. Hay un “dar” que está contaminado por el deseo de poder sobre el otro, que busca el dominio e incluso la opresión de individuos y pueblos.
Hay un dar que busca satisfacción y complacencia en el acto mismo de dar. En el fondo es expresión egoísta de sí mismo y en general es percibido como ofensa, humillación, por quien recibe. Hay también un “dar” interesado, utilitario, presente en ciertas tendencias actuales del neo-liberalismo, que en el fondo busca siempre obtener beneficio para sí mismo.

Finalmente hay un “dar” que, los cristianos llaman “evangélico”. Este “dar” se abre al otro en el respeto de su dignidad y suscita también a nivel de gestión de las empresas la experiencia del “den y se les dará” evangélico. Se manifiesta en ocasiones como un ingreso económico inesperado, por ejemplo, o como una idea innovadora, una solución oportuna, o bien como la idea de un nuevo producto exitoso.

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